lunes 13 de septiembre de 2010

Héroes anónimos

Ha pasado otro cumple mío, y con todas las intenciones de poner una noticia al respecto de este tan esperado evento se me ha ido el tiempo como de costumbre, sabe Dios por dónde.

Lo mejor de todo es que, con mucho, este ha sido uno de los mejores cumpleaños de toda mi corta existencia, y ahora que por fin he alcanzado la mayoría de edad desearía pedir que fueran muchos más, pero igual de bonitos que este último. No tuve mi tiramisú, pero el pastel que llevó Ric lo deja totalmente chato (al tiramisú), definitivamente es uno de esos pasteles por los que te levantas feliz a media noche a asaltar el refrigerador y te robas una lasquita de chocolate con el placer pecaminoso de hacerlo de pie frente al mentado refri... Sí tuve mis gerberas, las cosas más lindas que te puedas imaginar (y pa' la de buenas, de esas sí tengo fotos en esta compu, así que sin broncas ahorita subo una) y en resumen, tuve una excelente y muy agradable velada que se prolongó por ahí de las cinco y media de la mañana... Así que sí, tuve mi cumpleaños feliz.



Y dejé de ser miss, otra vez. Pero sigo haciendo lo mismo que hacía, pa'l caso, nomás que ahora con el elegante título de Coordinadora que, al principio, ni yo me la creía... después de un mes de intensa lucha entre el deseo de echar la hueva y mandar mi CV por correo. Así que te cuento que estoy muy, pero muy feliz por mi nueva chamba, en la que ya llevamos algunas semanitas y bendito sea San Güichito, aquí no hay guerrosos diciendo "miss me duele aquí" y si alguno llega, tengo toda la autoridad para decirle, ahora sí, "si te duele aquí, por qué no te vas para otro lado"... ¡ahhhhhh! ¡felicidad!

También hay nuevas integrantes en la familia... y aquí es donde me acuerdo que ahora sí le puse título a esta entrada porque por esas extrañas razones tenía la idea fija de llegar y en vez de sacar la chamba (total que ya hice lo más pesado) ponerme a escribir unas cuantas palabritas...

El caso es que estábamos echando la hueva en la casi totalmente remodelada terraza que por cierto está quedando muy coqueta, cuando de pronto y casi casi de la nada brinca Ric con un "¿y si vamos a Tlayacapan?". Ni tarda ni perezosa le dije, prácticamente con la cámara y el radio en la mano y de pie en la puerta "ya estoy lista", y que agarramos camino. Coco iba como de costumbre preguntando "¿a dónde vamos?" con la invariable respuesta "a Yecapixtla"... que no sé por qué no quiere ni quería ir a Yeca pero finalmente un día la llevamos y ni cuenta se había dado... Por las prisas de llegar, y por lo maravillosamente bien que funcionan nuestros impuestos, al buen chevy se le atoraron las patas en el camellón...

Ya ni llorar era bueno, ahí es cuando te das cuenta que realmente una sonrisa y una actitud positiva hacen la "dijerencia" entre una tarde agradable y un millón de reproches más tarde. Estábamos varados en la nada cual ballenas en la playa cuando de pronto pasa una camioneta con sendos fulanitos a bordo (y que ya habían pasado varios vehículos y hasta se acercaban pa' criticar con más gusto el percance) y nos dicen que si queríamos ayuda... ¡Pero claro!!! Total que se pusieron a analizar la situación como personas avezadas y por lo tanto muy entendidas... (¿avezadas se escribe así?.. sí, sí se escribe así). El punto es que se forma el COA para determinar cómo sacar el chevy del camellón sin lastimarle más su pobre panza que sonó bastante gachito la primera vez que tocó y por supuesto sonó peor los siguientes veinte o treinta metros -a lo mejor exagero pero como que sí fueron muchos.

Una vez resueltos a llevar a cabo la primera idea más o menos lógica, uno de los sujetos ayudadores se encaminó al otro lado del Boulevard (que por cierto, de ese lado sí se llama Cuauhnáhuac) y grácil cual... cual grácil pudiera ser, evitando los charcos y los posibles hoyos (que fue la misma razón por la cual mi experimentado conductor terminó en medio del camellón) se lanza por ese sendero, levantando las piernas y los brazos como gimnasta olímpico... da un paso en falso, resbala, se da la vuelta y ¡SOPAS! cae como regla en medio del charco....

De pronto siendo en la nuca una respiración pesada y discretamente me agarcho y le digo a Coco "por piedad no te rías, por lo que más quieras no te rías..." porque ya estaba ella con la carcajada fresca a punto de salir, y por eso es que me resollaba en el cuellito, se estaba aguantando la risa estentórea y cristalina que acostumbra...

Se me hizo mala onda soltar la risotada... pobre hombre, por tratar de ayudarnos a salir del brete, se cayó de manera harto aparatosa ensuciándose su ropita dominguera, y por más que intentamos exonerar el alma una vez que el carro pudo continuar la marcha, luego de una propinita y habiéndonos alejado un poco de estos héroes anónimos que sin pedir algo a cambio y completamente sin malicia se acercaron a auxiliar, simplemente ya no se pudo... Al menos Coco venía con la risadera de regreso por Cañón de Lobos recordando la forma tan elegante de caer y después de llevar el ridículo a cuestas... Mientras el pobre hombre caído buscaba más formas de apoyo, dijo, al pensar en voz alta hacia dónde dirigr sus pasos: "mejor por ahí no porque luego me caigo".

Y así llegamos con tres plantas carnívoras que son las nuevas integrantes de la familia, después de creo que 40 peces o algo así, de los que murieron cuatro o ya ni me acuerdo, como siete plantitas hermosas y un montón de pequeños arreglitos por aquí y por allá que convierten en más cálido un lugar que desde el primero momento se convirtió en añorado por quien lo habitaba antes y que se convierte en hogar por quienes lo habitamos ahora :)

PD. No hay palabras suficientes para expresar el agradecimiento a un buen samaritano, la próxima vez que te toque serlo, no lo dudes, hazlo.

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